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Cuando despertó… Bárcenas todavía estaba ahí

Cuando despertó… Bárcenas todavía estaba ahí

Bárcenas todavía estaba ahí…

Con los ojos abiertos

1 de agosto de 2013. Españoles comenzando sus vacaciones, desconectando, otros terminándolas y volviendo a sus trabajos, y demasiados sufriendo la situación de desempleo y desesperación que de ella se deriva. Da igual un 25 de diciembre que un viernes santo o un 1 de agosto cuando de lo que se trata es de que sea el menor número de personas las que estén pendientes de lo que dices. En estas condiciones compareció forzado el presidente del gobierno ante los diputados para intentar hablar de muchos temas, cualquiera que le permitiera pasar de puntillas sobre el caso Bárcenas, el hasta entonces “innombrable”. Aunque más que el caso Bárcenas es el caso PP, pues presuntamente afecta a la financiación del partido durante los últimos veinte años. Una comparecencia forzada tras la amenaza de la moción de censura que planteamos desde el PSOE, una moción extraordinaria ante la falta de dignidad y de respuestas, tras decenas de negativas del grupo popular a la comparecencia.

Rajoy no comparecía voluntariamente, en eso también faltó a la verdad. Se vio obligado por la gravedad de las informaciones publicadas y por las dudas sobre él, que ya hacían mella incluso entre los suyos. Dudas sobre el presidente del gobierno de España en los medios nacionales, pero también fuera, en el Financial Time o en The Economist. Dudas sobre la honorabilidad y credibilidad de un presidente de gobierno que lleva años escondiéndose detrás de excusas, contradicciones, acusaciones contra policía, jueces y fiscales de persecución política al PP, denuncias contra los medios de comunicación, dudas asentadas en increíbles ejercicios de “simulación en diferido” y en SMS, mensajes de texto, que se cruzó con su colega Luis Bárcenas cuando negaba conversaciones con él. En definitiva, años de mentiras y falsedades puestas en boca de los principales responsables del PP para tratar de tapar lo que sucedía en el partido, lo que parece que Luis Bárcenas hizo desde su cargo de tesorero y gerente del Partido Popular con el beneplácito de las diferentes direcciones con las que convivió, la última, la que lo ascendió de gerente a tesorero, la de Mariano Rajoy.

La comparecencia fue indignante. Fácil desmontar cada argumento con las pruebas que se conocen. Si graves son los papeles de Bárcenas -la presencia de Rajoy en ellos, los sobres, el dinero negro, y todo coincidiendo con el crecimiento de la burbuja inmobiliaria- más graves aún es la mentira tras mentira a la ciudadanía. Tuve que escuchar a Rajoy haciendo gala de no llevar a imputados en sus listas, y ese fue el momento en el que, injustamente, el presidente me llamó al orden por argumentar la cruda realidad del PP y desmontar una falsedad más.

Tras la fallida comparecencia y todo lo sucedido solo queda una salida posible: la dimisión de Rajoy. Sin embargo, el gobierno ha decidido ponerse manos a la obra para desviar la atención, creando y potenciando problemas con varias maniobras de distracción. De repente Gibraltar ha pasado a ser el problema número uno del gobierno, ya no lo es ni la crisis económica, el paro o el déficit. El repentino ataque de preocupación por lo que ocurre en la frontera entre Gibraltar y España solo está motivado para tapar el fraude “marca PP” que muestran los papeles de Bárcenas, con donaciones de empresas que a los pocos días recibían grandes contratos de la administración, sobresueldos en “negro” que habría cobrado hasta el presidente del gobierno o campañas electorales financiadas con donaciones ilegales. Dinero que Bárcenas llevó a otro paraíso fiscal, a Suiza. Hipocresía y falso patriotismo para tapar sus vergüenzas.

Nuestro país no puede permitirse un presidente del gobierno que ampare ilegalidades ni que supuestamente se beneficie de las mismas, que desprecie al parlamento y a la ciudadanía faltando a la verdad, ni que esté sometido a las hipotecas y chantajes de un presidiario. Pero desgraciadamente para España esa es la situación de Mariano Rajoy, lejos de lo que prometía hace dos años, en lugar de ser la solución para ningún problema de nuestro país, se ha convertido en uno en sí mismo. Es un problema que intente resistir cuando así hace daño a España.

Versionando el famoso microrrelato de Augusto Monterroso, “El dinosaurio”, se resume la situación de Rajoy: “Cuando despertó, Bárcenas todavía estaba ahí”. Y seguirá estando todas las mañanas, como una losa sobre el presidente, miedoso de que el dinosaurio no solo esté sino de que hable. Ante esta situación, lo mejor para nuestro país es que, más pronto que tarde, cuando despertemos, Rajoy no siga en la presidencia del gobierno.

 

 

 

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